¿Qué sucede con el oxígeno y el dióxido de carbono?

Los alvéolos están rodeados de vasos sanguíneos diminutos, llamados capilares. Estos vasos sanguíneos envuelven al alvéolo formando una red y es aquí donde el oxígeno, después de viajar por los conductos respiratorios y entrar en los alvéolos, penetra en la sangre.

Lugares de intercambio

El dióxido de carbono desechado por el organismo se intercambia por el oxígeno, abandona la sangre y entra en los alvéolos para ser finalmente expulsado de los pulmones. El correcto funcionamiento del organismo requiere que el oxígeno penetre en la sangre y que el dióxido de carbono abandone la sangre a un ritmo regular.

Fibras nerviosas

El pulmón también contiene vasos sanguíneos y está recubierto por fibras nerviosas. Fuera del pulmón, existen dos capas delgadas llamadas pleuras. Una de ellas envuelve el propio pulmón y la otra recubre el interior de la cámara torácica, próxima a las costillas.

Oxígeno por todo el cuerpo

La sangre que ha recogido el oxígeno de los pulmones regresa al lado izquierdo del corazón donde es bombeada hacia el resto del organismo para suministrar el oxígeno; esta sangre, rica en oxígeno, se denomina sangre arterial. Después de que el oxígeno contenido en ella se haya distribuido a las células del organismo (piel, órganos, etc.), la llamada sangre venosa, retorna al lado derecho del corazón. La sangre venosa contiene grandes cantidades de dióxido de carbono y pequeñas cantidades de oxígeno. La sangre venosa regresa a los pulmones para desprenderse del dióxido de carbono y captar oxígeno.

No hay bastante oxígeno

Cuando los pulmones son incapaces de captar suficiente oxígeno o éste no puede penetrar en la sangre, el pulmón intenta protegerse a sí mismo de la carencia de oxígeno que sufre cerrando algunos de los vasos sanguíneos. El corazón debe entonces bombear la misma cantidad de sangre que impulsa habitualmente pero a través de un número de vasos sanguíneos menor y, como el volumen total de sangre del organismo no cambia, el corazón sufre una sobrecarga. La acumulación de sangre obliga al corazón a realizar un mayor esfuerzo y con frecuencia ello hace que aumente de tamaño, fenómeno que se conoce con el nombre de cor pulmonale o insuficiencia cardíaca derecha.